Julia, existiendo...
¡Qué calor!
Otra vez, era tan tarde. Todos dormían y Julia continuaba el día y su vida en la madrugada.
Pendiente tenía, principalmente olvidar. Era ardua esa tarea.
Revolviendo y removiendo se la pasaba. Los que la conocían y la querían, la creían loca o cualquier cosa casi peor. Claro, eso la responsabiliza sólo a ella.
Julia sonriendo, descifra un nuevo olvido atropellando un montón de recuerdos.
¡Qué frío!
Con ganas de un chocolate caliente y el regreso, de al menos un cigarro, Julia escucha alguna canción preferida. Entonces piensa y recuerda todo lo que sueña hacer.
Él, duerme seguramente y podría soñar incluso, estar con Julia en ese sitio de los sueños.
Ella, escucha la respiración de él, aun cuando están tan lejos el uno del otro.
Julia aprovecha estas horas, en las que todavía está despierta, para disfrutar las ganas de realizar este sueño.
¡Qué suerte!
Dichosa, además de orgullosa de sus hijos, Julia no se da cuenta que casi amanece otra vez...
¡Ha valido todo la pena; todo vale la pena! Piensa Julia...
¡Qué angustia!
Julia inquieta, mira el reloj. Pronto amanecerá.
Se consuela pensando que la próxima noche le dará sueño temprano, tal vez.
La angustia no se disipó, y sin embargo, continúa...
¡Qué insomnio!
Tratando de no pensar, Julia busca concentrarse en la música que escucha a través de sus pequeños audífonos.
No piensa. En cambio recuerda, y lo hace componiendo los recuerdos. Algunos es mejor componerlos para que sean más bonitos, o menos feos.
Tantos recuerdos con tanta música, la obligan a recordar viejos planes. Y nada que amanece...
¡Qué rabia!
- ¡Otra vez sin sueño! - piensa Julia.
¡Qué alegría!
- ¡Por fin amaneció! - piensa Julia.
¡Qué tristeza!
- ¿Dónde estarán mis sueños que no puedo sino pensarlos? - piensa Julia.
¡Qué lástima!
Casi amanece, y Julia sin tristeza pero con pena, piensa lo irremediable después de más de cinco mil días de desamor. Ella piensa: - No es venganza. Es sólo lo lógico...
¡Qué pena!
La misma madrugada, mientras piensa en lo lógico que es su olvido, Julia se avergüenza de su metamorfosis sentimental. Pasó de ser quién más lo amó, a quien más lo olvidó...
¡Qué fastidio!
- No volveré a ver el reloj hasta que amanezca; apenas es media noche - dice Julia.
¡Qué divino!
Suena la canción del éxtasis. Ninguna le da más paz a Julia. La escucha y le gusta desde los 7 años; si mal no recuerda. Siempre le pasa lo mismo con esa canción. La escucha dentro del pecho. Es una canción eterna. Julia se retroarmoniza oyéndola, y precisamente por darle tanta paz, le despierta la adrenalina. La canción suena otra vez, y otra vez, y otra vez.
¡Qué injusto!
Tratando de dormir, con los ojos cerrados, Julia divisa recuerdos de tantos que estuvieron y significaron mucho; para pasar a ser menos que nada...
¡Qué desesperanza!
Ya no habrá vuelta atrás. Fue demasiado dolor, demasiado daño. Julia llora, como tantas madrugadas. Un llanto desperdiciado como tantos. Un llanto desesperado, pero estéril. Julia sólo puede hacer lo que hace... Nada más...
¡Qué absurdo!
Un nuevo y repetido desvelo, inquieta a Julia. Ella piensa: - ¿No es suficiente casi medio siglo para valorarme y respetarme?
¡Qué importa!
Con mucho sueño, Julia recuerda las razones por las que ha ido quedándose sola... ¡Casi soy libre!, piensa Julia.
¡Qué triste!
Plena madrugada. Piensa que te piensa, y no logra dormir. El estómago le arde, de tanto tragar pensamientos.
Lastima mucho tragarse las alegrías revueltas con las tristezas. Son todas por lo mismo.
Julia ahora se ha confesado a ella misma, y eso duele mucho.
¡Qué cansancio!
Julia planifica el día siguiente que es muy importante. Piensa cada detalle, cada situación con sus componentes. Sabe y está segura, que la planificación es ficción en su vida. Entonces como siempre, decide no pensar más en eso, y lo logra. Ahora, necesita tener sueño. Cierra los ojos para encontrarlo. Lógicamente, no lo encuentra...
¡Qué increíble!
- No lo es tanto, piensa Julia.
Enciende la lamparita y se pone a pensar.
Lo que si le parece raro a Julia, es la razón por la cuál los aliados naturales de los otros son los agresores de ella. Casi la totalidad de las veces.
¡Qué más da!
Decide detener la lectura, porque no logra concentrarse por la pensadera. Ya pasó la media noche y es un nuevo cumpleaños. El de alguien a quien acostumbraba a querer. Julia aparta esos recuerdos, y llegan otros que como que estaban esperando espacio para entrar.
¡Qué dolor!
Julia, ya casi dormida, vencida por la tristeza, recuerda su soledad. Es tanta su soledad, que piensa lo tanto que le molesta casi cualquier compañía. Sin embargo, recuerda también dónde está su felicidad, y aun así, no puede tenerla todavía.
Amanece de nuevo mientras ella sueña despierta todos los besos que dará y las sonrisas que podrá compartir...
¡Qué mierda!
Porque hizo, porque no hizo. Porque dijo, porque no dijo. Porque estuvo, porque no estuvo. Porque vio así, o no vio nada. Porque ella es arrecha, porque se lo merece. Porque otros dijeron. Porque la razón siempre se la damos a los demás sin ninguna posibilidad distinta.
Julia entonces dijo: ¡Se acabó; nojoda!
¡Qué bien!
Llegó la noche, y Julia está apurada esperando que llegue la hora del desvelo.
Todos despiertos y ella pensando en cosas que hará mientras amanece. Escribir, por ejemplo. ¡Ah, claro!, oyendo música.
También piensa soñar mientras hace planes con la felicidad. La felicidad anda cerca y la tienta, y ella ahora no le huye...
Mary González.
21/09/2010