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domingo, 31 de julio de 2011


 Julia, en pequeño...


¡Qué llegue Mimi!

Mimi y papi Pablo en el trabajo, es el momento perfecto para jurungar absolutamente todo lo que está cerrado: gavetas, closets, armarios, gabinetes.
Mimi tiene sitio para todo; hasta para el desorden.
Julia aprovecha la ausencia de sus tíos y la siesta de Bibina para abrir cada puerta o gaveta que se le atraviese. Siempre comienza por el sitio de la ropa y los zapatos de Mimi. Se disfraza de ella con su ropa y sus tacones. También se maquilla como ella. Se llena de collares, prendedores y todo cuanto consigue que le gusta. Al final, se ve en el espejo y consciente de estar un poco recargada, no se siente incómoda, pero con seguridad, una loca luciría mejor.
Ya lista, comienza a revisar todo. Todo lo que de paso, conoce de memoria. La gaveta de fotos es la primera. Allí encuentra toda la gente que está lejos: mamá, abuela, papá y todo el mundo. Las fotos más lindas, son las fotos de Mimi con desconocidos o conocidos para Julia que le indican que ella es feliz a pesar de estar separadas.
Luego, la gaveta de cosas que no usa nunca y nunca se ponen viejas ni huelen a guardado. Al contrario, todo huele rico. Huele a ella, a Mimi.
La mejor, es la gaveta con libretas, lápices, bolígrafos. Julia escribe cosas que piensa, y luego de leerlas, las rompe y las bota en la basura, cuidando que nadie pueda leerlas.
En plena labor, llama Mimi por teléfono y le avisa a Julia que en poco tiempo estará de regreso. Julia corre a quitarse todo lo que se ha puesto y guardarlo en su lugar. Bañarse para quitarse el maquillaje y estar lista para cuando lleguen a buscarla para salir a pasear.
Vestida otra vez de niña, Julia lo único que piensa es: ¡qué llegue Mimi!

Mary González.
Hace mucho tiempo...

sábado, 30 de julio de 2011


Julia en pequeño...

¡Me voy con Mimi!...


De vacaciones en casa de Mimi en Caracas. Son muchas pruebas.
Dormir lejos de su mamá y su abuela, es para Julia quizás, la peor tortura. Pero bien lo valía si era por estar con Mimi.
El primer amanecer, suma y resta un día en un mismo instante.
Comienza el día con ganas de gastarlo rápido. Primero, un abrazo a Bibina que espera a Julia para desayunar con ella.
Ya Mimi y su papi Pablo se han ido a trabajar. El desayuno está lleno de planes y complacencias. Montañitas de masita de arepa con mantequilla y queso rayado. Leche con café bien dulcito y cuentos lindos. El desayuno se interrumpe con la llamada de Josefita, la abuela de Julia. La alegría por la llamada, dura lo que dura el repique del teléfono. Julia, al oir la voz de su abuela, se le arruga el corazón, y ya comienza a contar el tiempo para volver con ella y su mamá. La tristeza se hace más grande, cuando piensa al trancar, que al irse, dejará de nuevo sola a Mimi…

Para Julia, las noches están hechas para pensar en los afectos su distancia y sus dilemas. En las noches piensa en la soledad; y no ha cumplido 6 años.

Es imposible no padecer de insomnio el resto de la vida.

Mary González.
Hace mucho tiempo...

miércoles, 15 de junio de 2011

Julia, en pequeño...

El primer amor...

Ya casi era la hora de comer. Con muchas ganas de orinar, entró gateando Julia a la casa de su amiga. No quería quitarse los patines y sabía que no debía pisar las alfombras con ellos. 
Julia, al pasar la puerta de la cocina, ve sentado en el sofá, el hombre más bello del mundo. El, es Manuel, el papá de su amiguita. 
Manuel, con los ojos cerrados y unos audífonos grandísimos tapando sus orejas. Abre los ojos, voltea a su derecha y ve a Julia tiesa en el piso. Le sonríe como siempre y con su mano derecha palmea a su lado en el sofá invitándola a sentarse allí. Julia va rápido, se saca los patines y se sienta. Sentada en el sofá, sus pies apenas salen del asiento.
El, le coloca los audífonos que le quedaban enormes. 
A muchísimo volumen, Julia escucha una batería inolvidable que parecía contestarle a un saxofón. No supo todo eso con tal precisión en ese momento, pero si lo sintió perfectamente. Desde entonces, y para siempre, esa canción es la más de todo para Julia.
Nunca olvidó ese día; su primera vez en todo lo que pasó en ese mágico momento. En un mismo instante, conoció el saxo, reconoció la batería, escuchó por primera vez el sonido en estéreo y conoció los audífonos. Y se enamoró de Manuel...
Como siete años tenía Julia...

Mary González.
Hace mucho tiempo...

martes, 31 de mayo de 2011

Julia, existiendo...

¡Qué calor!

Otra vez, era tan tarde. Todos dormían y Julia continuaba el día y su vida en la madrugada. 
Pendiente tenía, principalmente olvidar. Era ardua esa tarea. 
Revolviendo y removiendo se la pasaba. Los que la conocían y la querían, la creían loca o cualquier cosa casi peor. Claro, eso la responsabiliza sólo a ella.
Julia sonriendo, descifra un nuevo olvido atropellando un montón de recuerdos. 


¡Qué frío!

Con ganas de un chocolate caliente y el regreso, de al menos un cigarro, Julia escucha alguna canción preferida. Entonces piensa y recuerda todo lo que sueña hacer. 
Él, duerme seguramente y podría soñar incluso, estar con Julia en ese sitio de los sueños.
Ella, escucha la respiración de él, aun cuando están tan lejos el uno del otro.
Julia aprovecha estas horas, en las que todavía está despierta, para disfrutar las ganas de realizar este sueño.


¡Qué suerte!

Dichosa, además de orgullosa de sus hijos, Julia no se da cuenta que casi amanece otra vez...
¡Ha valido todo la pena; todo vale la pena! Piensa Julia...


¡Qué angustia!

Julia inquieta, mira el reloj. Pronto amanecerá. 
Se consuela pensando que la próxima noche le dará sueño temprano, tal vez.
La angustia no se disipó, y sin embargo, continúa...


¡Qué insomnio!

Tratando de no pensar, Julia busca concentrarse en la música que escucha a través de sus pequeños audífonos. 
No piensa. En cambio recuerda, y lo hace componiendo los recuerdos. Algunos es mejor componerlos para que sean más bonitos, o menos feos.
Tantos recuerdos con tanta música, la obligan a recordar viejos planes. Y nada que amanece...


¡Qué rabia!

- ¡Otra vez sin sueño! - piensa Julia.


¡Qué alegría!

- ¡Por fin amaneció! - piensa Julia.


¡Qué tristeza!

- ¿Dónde estarán mis sueños que no puedo sino pensarlos? - piensa Julia.


¡Qué lástima!

Casi amanece, y Julia sin tristeza pero con pena, piensa lo irremediable después de más de cinco mil días de desamor. Ella piensa: - No es venganza. Es sólo lo lógico...


¡Qué pena!

La misma madrugada, mientras piensa en lo lógico que es su olvido, Julia se avergüenza de su metamorfosis sentimental. Pasó de ser quién más lo amó, a quien más lo olvidó...


¡Qué fastidio!

- No volveré a ver el reloj hasta que amanezca; apenas es media noche - dice Julia.


¡Qué divino!

Suena la canción del éxtasis. Ninguna le da más paz a Julia. La escucha y le gusta desde los 7 años; si mal no recuerda. Siempre le pasa lo mismo con esa canción. La escucha dentro del pecho. Es una canción eterna. Julia se retroarmoniza oyéndola, y precisamente por darle tanta paz, le despierta la adrenalina. La canción suena otra vez, y otra vez, y otra vez.


¡Qué injusto!

Tratando de dormir, con los ojos cerrados, Julia divisa recuerdos de tantos que estuvieron y significaron mucho; para pasar a ser menos que nada...


¡Qué desesperanza!

Ya no habrá vuelta atrás. Fue demasiado dolor, demasiado daño. Julia llora, como tantas madrugadas. Un llanto desperdiciado como tantos. Un llanto desesperado, pero estéril. Julia sólo puede hacer lo que hace... Nada más...


¡Qué absurdo!

Un nuevo y repetido desvelo, inquieta a Julia. Ella piensa: - ¿No es suficiente casi medio siglo para valorarme y respetarme?


¡Qué importa!

Con mucho sueño, Julia recuerda las razones por las que ha ido quedándose sola... ¡Casi soy libre!, piensa Julia. 


¡Qué triste!

Plena madrugada. Piensa que te piensa, y no logra dormir. El estómago le arde, de tanto tragar pensamientos. 
Lastima mucho tragarse las alegrías revueltas con las tristezas. Son todas por lo mismo.  
Julia ahora se ha confesado a ella misma, y eso duele mucho.


¡Qué cansancio!

Julia planifica el día siguiente que es muy importante. Piensa cada detalle, cada situación con sus componentes. Sabe y está segura, que la planificación es ficción en su vida. Entonces como siempre, decide no pensar más en eso, y lo logra. Ahora, necesita tener sueño. Cierra los ojos para encontrarlo. Lógicamente, no lo encuentra...


¡Qué increíble! 

- No lo es tanto, piensa Julia. 
Enciende la lamparita y se pone a pensar.
Lo que si le parece raro a Julia, es la razón por la cuál los aliados naturales de los otros son los agresores de ella. Casi la totalidad de las veces.


¡Qué más da!

Decide detener la lectura, porque no logra concentrarse por la pensadera. Ya pasó la media noche y es un nuevo cumpleaños. El de alguien a quien acostumbraba a querer. Julia aparta esos recuerdos, y llegan otros que como que estaban esperando espacio para entrar. 


¡Qué dolor!

Julia, ya casi dormida, vencida por la tristeza, recuerda su soledad. Es tanta su soledad, que piensa lo tanto que le molesta casi cualquier compañía. Sin embargo, recuerda también dónde está su felicidad, y aun así, no puede tenerla todavía. 
Amanece de nuevo mientras ella sueña despierta todos los besos que dará y las sonrisas que podrá compartir...


¡Qué mierda!

Porque hizo, porque no hizo. Porque dijo, porque no dijo. Porque estuvo, porque no estuvo. Porque vio así, o no vio nada. Porque ella es arrecha, porque se lo merece. Porque otros dijeron. Porque la razón siempre se la damos a los demás sin ninguna posibilidad distinta. 
Julia entonces dijo: ¡Se acabó; nojoda! 


¡Qué bien!

Llegó la noche, y Julia está apurada esperando que llegue la hora del desvelo. 
Todos despiertos y ella pensando en cosas que hará mientras amanece. Escribir, por ejemplo. ¡Ah, claro!, oyendo música. 
También piensa soñar mientras hace planes con la felicidad. La felicidad anda cerca y la tienta, y ella ahora no le huye... 




Mary González.
21/09/2010