¡Qué llegue Mimi!
Mimi y papi Pablo en el trabajo, es el momento perfecto para jurungar absolutamente todo lo que está cerrado: gavetas, closets, armarios, gabinetes.
Mimi tiene sitio para todo; hasta para el desorden.
Julia aprovecha la ausencia de sus tíos y la siesta de Bibina para abrir cada puerta o gaveta que se le atraviese. Siempre comienza por el sitio de la ropa y los zapatos de Mimi. Se disfraza de ella con su ropa y sus tacones. También se maquilla como ella. Se llena de collares, prendedores y todo cuanto consigue que le gusta. Al final, se ve en el espejo y consciente de estar un poco recargada, no se siente incómoda, pero con seguridad, una loca luciría mejor.
Ya lista, comienza a revisar todo. Todo lo que de paso, conoce de memoria. La gaveta de fotos es la primera. Allí encuentra toda la gente que está lejos: mamá, abuela, papá y todo el mundo. Las fotos más lindas, son las fotos de Mimi con desconocidos o conocidos para Julia que le indican que ella es feliz a pesar de estar separadas.
Luego, la gaveta de cosas que no usa nunca y nunca se ponen viejas ni huelen a guardado. Al contrario, todo huele rico. Huele a ella, a Mimi.
La mejor, es la gaveta con libretas, lápices, bolígrafos. Julia escribe cosas que piensa, y luego de leerlas, las rompe y las bota en la basura, cuidando que nadie pueda leerlas.
En plena labor, llama Mimi por teléfono y le avisa a Julia que en poco tiempo estará de regreso. Julia corre a quitarse todo lo que se ha puesto y guardarlo en su lugar. Bañarse para quitarse el maquillaje y estar lista para cuando lleguen a buscarla para salir a pasear.
Vestida otra vez de niña, Julia lo único que piensa es: ¡qué llegue Mimi!
Mary González.
Hace mucho tiempo...
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